Cada día, me esfuerzo tratando de apreciar lo bueno de la vida, las cosas que me hicieron sonreír un instante, el chiste de un amigo, la hermosa mirada de mi chica, mi canción favorita en el momento exacto, un postre o muchos postres, etc.

Al caer la noche sales a ver a un amigo y de repente todo lo que apreciaste en el día se vuelve gris, eso me pasó ésta noche, permitanme contarles.

Eran aproximadamente las 8:00 pm y salía de mi casa contento y entusiasta, un paseo en moto cae bien después de un día atrapado en el bullicio de las calles.

Todo iba de maravilla, estaba regresando a mi casa y me disponía a comer una enorme y deliciosa pero nutritiva rebanada de pizza pero cuando metí mi mano a la bolsa de mi chaqueta no encontré mi celular, ahí comenzó el suplicio.

De manera tranquila busqué por toda la casa, pero sin suerte, entonces ya molesto decidí salir a las calles a buscarlo, monté mi bicicleta y busqué en cada lugar que estuve en esas dos horas.

Salí tan rápido que no me preocupé del frío y no me abrigué, segundo error, ahora molesto y con frío perdí toda señal de esperanza, pero unas calles antes de llegar a mi casa, me topé con un mar de gente regresando de una posada.

Ahora estaba molesto, con mucho frío y sin poder montar mi bicicleta, nada podía salir peor.

Pero como un cliché de película dominguera todo empeoró… Unas queridas personas locales, iban caminando con sus adorables mascotas, dos enormes perros sin correa que se abalanzaron sobre mí.

Amo a los animales y he aprendido a controlar a los perros, muchos de ellos te dejan en paz si no los tomas en serio, pero esta racha de malestares no me dejaban ignorarlos.

Uno de ellos mordió mi bota asi que le lancé una Chudan Geri, pero el muy astuto esquivó con gracia, casi con burla cada intento.

Para ese momento estaba rojo de rabia, aventé mi bicicleta y empecé a buscar una piedra, un palo, una mandarina de la posada, lo que fuera para arrojar a esas bestias, pero todo indicaba que mi karma estaba en su clímax, calles limpias, libres de armas primitivas.

Entonces el caos reinó, estaba en medio de la calle, rodeado de gente que disfrutaba de mi desgracia… ahí estaba yo, persiguiendo en círculos a un par de perros que me habian arruinado la noche, era el bufón de la posada, fué horrible.

Después de eso pude tranquilizarme, caminé un poco y asimilé mi situación, después de todo había aprendido la lección, a partir de ahora sería más cuidadoso y responsable con mis pertenencias.

Entré a mi casa derrotado pero un poco aliviado, toda mi familia escuchó atentamente mi historia y reimos por mi mala suerte…

Entonces mi madre se acercó a mi y me dijo con voz serena, mira ya encontramos tu celular, lo dejaste en tal lugar… Me quedé pálido, después de todo no había una lección de vida, no había moraleja, solo una noche, la peor noche de todas.

Ahora solo me reiré de mi desgracia, ¿que otra me queda?😛